Los Abuelos
Artículo número 163
Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos, para ayudar en cubrir muchas tareas, la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas y las colegiaturas.
Estos privilegiados niños, tienen padres de padres, y lo celebran, usando todos los sobrenombres posibles, abu, abuela, papi, teta, chona, yeya, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, los que aportan algo que los padres no siempre vislumbran, pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos nietos.
La mayoría de los abuelos sienten adoración por sus nietos, es fácil ver que las fotos de sus hijos van siendo remplazadas por la de estos.
Los abuelos miran diferente. Cómo suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas, para opinar, por ejemplo, o para recordar.
Cómo siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada a veces, tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió cuando eran padres. De alguna manera pudieron recuperarlo, leen libros sin apuro, cuentan historias de cuándo ellos eran chicos.
Los abuelos construyen infancia en silencio cada día.
Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente, porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos.
Los abuelos huelen siempre a abuelos. No es por el perfume que usan, ellos son así, o recordamos su aroma para siempre.
Los chicos que tienen abuelos, están mucho más cerca de la felicidad.
Los que los tienen lejos deberían procurarse uno, siempre hay buena gente disponible.
Finalmente, para que sepan los que no creen en ello;
"Los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles"
Fuentes:
Recopilado por Leonardo Zamora M.
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Mis hermanos y yo nacimos y crecimos rodeados del cariño de los abuelos, nos protegía una red de amor incondicional pero jamás complice si llegábamos a cruzar límites marcados por una linea imaginaria dinde se enfrentaban el bien y el mal, lo correcto o lo inmoral. De la cintura para abajo, decia mi abuela. La palabra de los abuelos, para mis hermanos y para mi siempre fue sagrada.
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