Estar en Sintonía

 Artículo Número 172


            Estar en sintonía con alguien significa conectar, vibrar en el mismo compas. Con la misma frecuencia emocional y mental.


            El uso que hemos hecho de este término nos lleva por mal camino, hay una mejor manera de entenderlo y ese cambio lo cambia todo.


            Es cómo cuándo dos personas se entienden sin necesidad de muchas palabras; los une un ritmo común que se alinean en intereses, valores o estados de ánimo.


             La frase estar en sintonía proviene de las orquestas musicales, donde los músicos leen partituras. Están en el mismo número de página, en el mismo compas, si, pero las notas en esas páginas no son las mismas.


        La trompeta no toca las mismas notas que el violín. El oboe no imita a la flauta. Cada página tiene una partitura única para cada instrumento, pero juntos crean armonía.


        No necesitas estar en la misma página. Sólo necesitas saber en que página está la otra persona.


        Así es cómo las relaciones dejan de sentirse como un "estira y afloje". La comprensión no requiere acuerdo. Y la alineación no requiere asimilación.


            Esta es la esencia. Confundimos "misma página" con "misma voz". Pero nunca significan uniformidad. Significaba ritmo compartido, movimiento compartido. Partes individuales tocando al unísono, afinadas y sincronizadas.


            La sintonía implica un ajuste más profundo, como "estar en el mismo canal" emocional o mental. Lo que va más allá de comprender o compartir.


            No vas a lograr alinearte perfectamente con tu pareja, tu hijo adolescente o tus suegros por mucho que lo intentes.


            Pero cuándo nos saltamos el trabajo de escucharnos de verdad, cuándo nos apresuramos a "resolver" antes de "conocer", construimos acuerdos superficiales sobre profundos malentendidos.


            Ahí es donde ocurre el verdadero trabajo. Ahí es donde la claridad empieza a aflorar. Sin ella, confundimos las soluciones rápidas con "conexión real". Y luego nos sorprendemos cuándo "la casa" se derrumba.


Fuentes: Ichak K. Adizes

Recopilado por Leonardo Zamora Malcampo

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