La fragilidad en la vida

 



La Fragilidad en la Vida

Artículo número 188

               Nuestros padres y nuestros mayores, nos enseñaron a ser fuertes,
a no llorar,
a resistir,
a no mostrar debilidad.


            Sin embargo, la vida nos ha enseñado y pocas veces nos dijeron
que la fragilidad también es parte de la vida. Puede convertirse en una maestra silenciosa de como vivir la vida.

            Quizás por esto, las personas más sabias no son las que presumen fortaleza, sino las que han aprendido a vivir con serenidad su propia fragilidad.

            Hoy, el tiempo nos ha enseñado que somos frágiles,
cuándo envejecemos,
cuándo perdemos,
cuándo no podemos,
cuándo amamos.

            Y sin embargo, es justamente cuándo nos llega esta fragilidad, 
y donde descubrimos lo que realmente importa:
lo que hemos desarrollado,
nuestra fuerza interior,
lo que queremos y lo que tenemos,
la importancia del ser, antes que el tener.

            La fragilidad no es sinónimo de fracaso, es sinónimo de
 humanidad.

            Un padre que reconoce que no tiene todas las respuestas.
            Un Directivo que admite haber cometido un error.
            Un Adulto Mayor que acepta que ahora si necesita ayuda.

            Eso no es una debilidad, eso es grandeza interior.

            La vida es frágil, sin saber, tiene un término, se acaba.
 

                        Significa reconocer que la vida puede cambiar 
en cualquier momento; 
la salud, 
los afectos, 
el trabajo, 
los planes que imaginábamos como seguros. 

            Cuándo sabemos que algo puede romperse, lo cuidamos más.

            Cuándo entendemos que el tiempo es limitado, lo valoramos más.

            Cuándo aceptamos nuestra fragilidad, dejamos de competir.....
            y empezamos a comprender.

            La fragilidad nos vuelve más empáticos, más compasivos,
más humanos.

            Tal vez la vida no nos pide ser invencibles. Nos pide ser más
auténticos.

            Aceptar que necesitamos a otros. Que no siempre podemos solos.

            Que llorar también es parte del camino.

            Aprende a vivir tu fragilidad, no es fácil, e cierto, paro la puedes
encontrar a la vuelta de la esquina.


Porque la fragilidad no nos quita dignidad,
nos recuerda que estamos vivos.


Leonardo Zamora Malcampo
 
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